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Te he librado, alma mía, de todos los rincones y te he apartado del polvo, de las arañas y de la penumbra […]. Te he otorgado, alma mía, el derecho a decir no, como la tempestad, y sí, como dice el cielo raso […]. He extirpado, alma mía, de ti toda obediencia, todo arrodillarse y todo llamar señor a otro […].

From: Así habló Zaratustra, Friedrich Nietzsche.

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