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¡Soledad, patría mía, soledad! He vivido durante tanto tiempo como un salvaje, en tierras extrañas y salvajes, que ahora que vuelvo a ti asoma el llanto a mis ojos. Amenázame con el dedo, como amenazan las madres, y dime: «[…] Sé que tú, que eres único, has estado más abandonado viviendo entre muchedumbres, de lo que estuviste a mi lado. Una cosa es estar abandonado y otra estar solo. Ahora ya lo sabes.

[…] Este feliz silencio sí sabe escuchar. Allá abajo, en cambio, todos quieren hablar y nadie es escuchado. Si alguien pregona su saber con toques de campana, los tenderos ahogan su sonido con el tintineo de las monedas».

From: Así habló Zaratustra, Friedrich Nietzsche.

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